sábado, 8 de marzo de 2014

Inesperada derrota del Barça ante el Valladolid.


  El conjunto azulgrana sufrió una dolorosa e inesperada derrota que lo deja muy tocado en la pelea por hacerse con el título de Liga. Rossi, en la primera mitad, fue el autor del solitario gol que en ningún momento pudo remontar un Barça que acabó pagando la falta de magia y su exceso de indolencia.
    Ya desde el inicio de lo que a priori iba a ser uno de esos encuentros de trámite para un Barça que aspira a hacerse con el título, el fútbol se encargó de confirmar todos esos tópicos que hablan de la ausencia de rivales pequeños. Si durante su etapa como entrenador Pep Guardiola se encargó de recordad ante este tipo de encuentros que sus jugadores no podían perder la intensidad, hoy día los culés demostraron haber olvidado gran parte de esas lecciones que les daba el entrenador más laureado de la historia del club. Sin alma, los de Tata Martino comenzaron el choque dando pasos atrás y sorprendentemente dejándose crear peligro en su área, limitando las apariciones de los delanteros culés a alguna que otra salida a la contra sin mayores consecuencias.
     Los de Juan Ignacio Martínez, que estaban ante una de esas finales imposibles en las que nada se tiene que perder, aprovecharon la falta de control e intensidad del Barça para adelantarse con un tanto que evidenció todas las carencias en defensa de un equipo azulgrana que solo pareció despertar ya en la recta final del primer asalto mediante tímidas avanzadas de Messi, Cesc y Neymar con disparos lejanos que no generaban mayor inquietud en la puerta vallisoletana. El Barcelona no era fiel a sí mismo y, sin alma, solo un golpe repentino de actitud y juego podían hacer cambiar una imagen que distaba mucho de una plantilla que aspira a levantar el título de Liga.
    Consciente de ser un rostro desangelado sobre el campo el equipo de Martino trató de mejorar su imagen en los primeros minutos del segundo tiempo. Lo hizo aportando minutos de intensidad y velocidad a su juego, pero se topó de nuevo con una barrera pucelana perfectamente armada y venida a más con cada intervención de Mariño. El técnico culé buscaba la reacción en el banquillo variando su propio sistema –retrasaba a Messi para abrir bandas amagando con jugar atrás con tres defensas- pero el control del balón fue perdiendo de nuevo la magia con el vaivén de un encuentro cada vez más lento.
    La búsqueda de alternativas para atacar directamente la necesidad de remontar el encuentro acabó, sin embargo, sin dejar ningún tipo de conclusiones. El Barcelona siguió en la recta final igual de perdido ante un Valladolid cada vez más encerrado defendiendo su justa recompensa. Nada, absolutamente nada, pudo evitar el grito del José Zorrilla en el momento de un pitido final que paradójicamente dejó en silencio a plantilla y seguidores culés.

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