Todos los cubanos amantes del deporte,
absolutamente todos los seguidores del voleibol en esta caribeña Isla, tienen
que sentirse privilegiados por ser testigos de actuaciones
extraordinarias.
Y muchas de ellas llevan la impronta
del profesor Eugenio George, recientemente reconocido con el Cordón de Oro,
distinción que por segunda ocasión otorga la Federación Internacional a una
personalidad relevante de la Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe
(Norceca).
Pero el profe Eugenio prefiere, con
la incalculable modestia que lo caracteriza, pensar que este es un premio
merecido por muchísimos otros entrenadores y especialistas, quienes han puesto
sus conocimientos al servicio de lo que el mundo conoce como la escuela cubana
de voleibol.
Sus cuatro medallas olímpicas como
entrenador —tres de ellas aureas— sostienen merecidamente su designación como
el Mejor Entrenador del mundo durante el pasado siglo. “Pero mi medalla más
grande fue la formación integral de varias generaciones de voleibolistas, y lo
que ellas aportaron a la sociedad, al deporte, y por qué no, a la formación de
la cultura cubana”, dijo este jueves durante un emocionante homenaje recibido
en la Escuela Nacional de Voleibol.
Allí, varios de quienes lo han
acompañado en la esmerada tarea formativa resumieron una extraordinaria
trayectoria, discípulas como Ana Ibis Díaz y Mireya Luis se encargaron de las
anécdotas y alguna que otra lágrima, y las nuevas generaciones recibieron el
mejor de los consejos de un hombre que ha dedicado toda su vida al voleibol:
“Esfuércense todos los días por ser mejores jugadores, pero sobre todo, mejores
personas”.

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